Molly

De Fronteriza
Saltar a: navegación, buscar

Historia

Molly

Molly no recuerda mucho de su procedencia, ni de su vida anterior antes de que los esclavistas de Cheliax la trajesen a Corona del Oeste. Esto sucedió cuando era una niña pequeña, una pequeña y fiera semiorca, una mercancia rara y exótica en la ciudad, y desde entonces ha permanecido allí. Corona del Oeste es el único mundo que conoce.

A lo largo de su infancia sus distintos propietarios la emplearon principalmente en labores físicas que la mantenian apartada de la cercanía de otros ciudadanos a los que, según la opinión de sus propietarios, su presencia podría molestar u ofender. Sufrió el rechazo incluso de otros esclavos, y la apartaban relegándola a las labores más ingratas que incluso ellos se negarian a realizar. Esto la obligó a sobrevivir en solitario, pero formó su buena forma física y un carácter algo individualista.

Una vez un visitante se fijó en ella mientras trabajaba, mostrando una inquietante e inusual atención. A ojos de Molly tenía la pinta de alguien importante, un hombre alto y arrogante que lucía una cuidada melena y barba de chivo. Poco tiempo despues fue vendida a una arena de luchadores, conocida como el Diablodromo. Ella era algo joven todavía pero la empezaron a adiestrar con otros tantos esclavos. Esto no duró mucho, el hombre de la barba de chivo iba de vez en cuando a observar los progresos del adiestramiento, y a pesar de los evidentes avances de Molly varios meses después volvió a ser vendida y abandonó el Diablodromo.

Fue adquirida por el establecimiento de Mae la Bella. Demasiado joven todavía para ejercer la prostitución, fue empleada para ayudar en la limpieza del local y otras labores similares. Allí estuvo mucho tiempo y pudo contemplar la decadencia y corrupción de las ilustres gentes de Corona del Oeste en las formas más diversas e insospechadas. Su breve formación en el Diablodromo le fue útil en no pocas ocasiones para rechazar las atenciones de algún cliente con ganas de probar algo exótico. Mae nunca la reprendia con severidad tras estos episodios, por contra parecía animarla relatándola todos los rotros de la corrupción que acababan llegando de una forma o de otra a sus ojos y oidos, incluso visitando las puertas mismas de su establecimiento. Otras esclavas se dieron cuenta del trato especial que le daba Mae, y algunas la maltrataron por envidia, pero en cambio otras tambien le empezaron a contar historias que habían visto u oido. Todo esto hizo despertar en Molly una pequeña chispa de rebeldía y aversión.

Llegó el día en que Molly tuvo ya edad suficiente para ejercer, y ella se negó. Mae no parecio demasiado sorprendida ni enfadada por su resolución. Pero el hecho llegó a oidos del autenticó propietario del local, y el hombre de la barba de chivo se presentó allí para hablar con Mae. Como castigo por negarse, un guardia le dio una buena paliza mientras otro sujetaba a Mae la Bella. Como no estaba dispuesta a cobrar oro por sus servicios, la obligaron a tragarse una reluciente moneda de oro casi muriendo atragantada en el proceso... todo bajo la vigilancia de una extraña mujer vestida con harapos y con olor a cieno. Tras esto la echaron a la calle, la dejaron tirada en los suburbios para que probara a ver si era capaz de sobrevivir sin ejercer, sabiendo que tarde o temprano volvería arrastrandose para mendigar por un pedazo de pan.

Luego vino la época en la que vivió en la calle, y a pesar de la amenaza mortal que traía la oscuridad de la noche si te sorprendía sin luz o sin refugio, lo cierto es que no le fue del todo mal. Un amistoso mediano la ayudó en los primeros momentos cuando la encontró tirada en un callejón tras la paliza, ofreciéndola un pajar y comida para recuperarse. El mediano es buena gente, y siempre ha ofrecido refugio o escondite a Molly cuando esta lo ha necesitado... ya que el resto del mundo no ha sido nunca igual de amigable. Si no hubiera sido por él muy posiblemente Molly habría acabado regresando al establecimiento de Mae la Bella.

No había mucho trabajo en la ciudad para una joven semiorca sin nada en los bolsillos que no fuera ejercer, los trabajos decentes los hacian esclavos y gente que no fuera una minoria racial. Su caracter, ahora abiertamente hosco y amargado, tampoco ayudaba mucho. Al final tuvo que valerse por sí misma y por su fuerza para salir adelante, al principio entre las alcantarillas y los peores barrios de la ciudad, con no pocos encontronazos. Luego asociandose con criminales, fue creciendo en fortaleza y hostilidad para salir adelante. Ha trabajado para matones, para tieflings, para cobradores de deudas y para cualquiera que necesitara alguien que diera miedo. Curiosamente la unión de su raza, tamaño, fortaleza y sexo, la ha evitado no pocas peleas.

Ahora que conoce como funciona realmente el mundo sabe que hubo algo raro en todo el asunto del burdel de Mae, a una esclava que se niega a ejercer no se la echa a la calle, se la droga y se la obliga a trabajar...

Le ha parecido volver a ver al hombre de la barba de chivo en algunas ocasiones, y despues de estas fugaces apariciones su vida ha dado un pequeño giro: un cambio de patrón, un trabajo nuevo, una traición repentina... En la última de estas ocasiones, pudo estar lo suficientemente atenta para asociarle un nombre, susurrado en una conversación ajena: Rance Lucca.

En el giro más importante que ha tenido Molly recientemente, duda de si Rance Lucca, ha tenido algo que ver o no...

Fue en uno de sus más recientes trabajos, cuando le encargaron la tarea de seguir a un forastero. El hombre se movia de forma peculiar, y de repente entre unas calles solitarias perdió a su presa. Ella misma entonces se convirtió en presa cuando el forastero la sorprendió y redujo con facilidad. La obligó a confesar para quien trabajaba, y Molly pensaba que ya estaba sentenciada cuando el hombre la dejó entonces libre. Le habló reconociendo que tenía cierto talento para haberse criado en este lugar infecto, y luego la reprendió enumerando todos los errores que había cometido desde el momento que empezó a seguirle.

Más sorprendente fue cuando el hombre decidió que Molly necesitaba un adiestramiento adicional si quería seguir sobreviviendo, así que sin esperar respuesta de ella la arrastró consigo y empezó un severo regimén de adiestramiento forzado que ella ni había aceptado pero que tampoco rechazaba. Durante varios meses su duro entrenamiento continuó, hasta que un día el hombre desapareció sin más. En su lugar había dejado una nota a Molly diciendo que ya había terminado con lo que había venido a hacer a la ciudad y debía irse, y que esperaba que sus enseñanzas le fueran utiles. Nunca fue muy hablador de todas formas. Molly intentó rastrearle tal y como él mismo le había enseñado, pero fue en vano, había desaparecido sin dejar huella...