Guárdate de la Tormenta (Rusia Mítica)

De Fronteriza
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El Maestre Anton Nemov empezó a leer. Y empezó a cabrearse, estaba escrito todo con una muy mala y terriblemente pequeña letra. Siempre pensaba que estos nuevos médicos no sabían escribir, como siguieran así en un par de generaciones no les entedería nadie.

Como se me ha ordenado por el Maestre Anton Nemov resumiré mi viaje desde Smolensk a Moscú.

Partí de Smolensk río arriba hasta llegar a la aldea de Nizhdovo sin ningún contratiempo. Tenía la esperanza de encontrar la caravana próxima a salir, pero mis esperanzas no tenían fundamento y llegué precisamente dos días tarde, la última caravana ya había partido.

Sin otro lugar donde alojarme me hospedé en la Posada de Ghisa. Cuyo propietario parece ser bastante honrado, todo lo que puede ser un posadero, y más en el punto de partida de las caravanas entre Smolensk y Moscú. Como curiosidad diré que es un sitio agradable, limpio y tiene una urraca como mascota que no hace más que repetir las palabras de su horondo y festivo dueño. Pude apreciar que el exceso de cerdo en sus comidas le había afectado a su movilidad. Como dice el maestro hay que comer con la cabeza.

Al día siguiente llegaron más viajeros rezagados. Uno era un europeo del sur, parece que era un antiguo mercenario aficionado al juego que sacó algún beneficio a los pueblerinos. Se le notaba afectado por la edad y las antiguas heridas, la de la pierna izquierda debío llevarlo a las puertas de la muerte, se masajeaba y quejaba de ella durante todo el viaje sobre el carromato.

El otro grupo de viajeros llamó más la atención pues se trataba de una Boyarda, Irina Yegoriova, su sirvienta, su guardaespaldas, y un grupo de dos cocheros para el carruaje. La Boyarda pareció al principio una persona agradable, pero demostró más tarde que era una hija de Eva o de Lilith, fría, egoísta y altanera, pero muy hermosa, de ojos claros que hacen enloqueces a los hombres débiles, sana y en forma. Giovanni, que es como se llama el europeo comentó durante el viaje que debía ser muy zorra si su marido prefería contratar a una mujer como guardaespaldas que a un hombre, supongo que tenía razón, aunque bien podría ser por un montón de motivos diferentes, por ejemplo que su marido fuera muy celoso, pero quien no lo sería con esa mujer.

Los sirvientes eran unos especímenes dignos de estudio. Su sirvienta no hablaba, y todos sus gestos y ademanes se correspondían con ese silencio. Por contra los cocheros eran bastante ruidosos y les gustaba dormirse sobre las jarras de vodka. Y su guardaespalda es una mujer, aunque si no fuera por sus enormes mamas uno pensaría que es un hombre, bueno, me fijé también en sus caderas y no las podías confundir con un hombre, podría nacer un feto de 13 meses sin mucho sufrimiento para la madre, siempre que Laima encuentre a un hombre de su interés y este le corresponda. Lleva el pelo corto y es lituana indudablemente, el resto de su aspecto no la aleja del que tendría un veterano soldado.



El viejo maestre, miró el resto de hojas que le quedaban por leer. Si que era preciso el jodido Eduard, será un buen médico, aunque me ha costado leerle este trozo. Que aburrimiento pensaba mientras miraba el fuego de la chimenea. Realmente hastiado, agarró las hojas y las arrojó a la chimenea.

El fuego fue quemando las palabras poco a poco y nadie pudo leer la historia que contaban. Ni nadie se pudo percatar que el mismo fuego quemaba de una en una cada letra como si leyera por primera y última vez las palabras escritas por Eduard. Esto es lo que quemó.


Sin embargo los acontecimientos más raros se sucedieron en los días siguientes. Unas pesadas nubes empezaron a reunirse sobre el pueblo, parecían traídas por los extraños acompañantes que vinieron al día siguiente.

Primero llegó un pueblerino, Valeri Krechenko de algún lugar de la zona de Moscú por el acento, parece que tiene sangre lituana así que igual me confundo, decía ser médico, especializado en acompañar al ejército, en un principio pensé que era un charlatán, un curandero de pueblo que es más peligroso que la misma enfermedad. Pero es algo más, parece ser según dice el mismo que un ente curandero canaliza sus poderes a través de él, lo cual ratifica mi idea de que no sabe medicina. Este hombre puede que nos traiga problemas, parece ser que no es la persona que nos dijo ser, además sabe leer.

Después, como era de esperar llegaron más ignorantes. Se abrió la puerta y entró un tipo joven y guapo como parecieron apreciar la boyarda Irina y su guardaespaldas cada una con sus motivos. Se llama Maksim Mikhailovich y es un novgorita típico, orgulloso como ellos solos. Hace ejercicio con frecuencia y está en forma, además de ser un tipo bastante fuerte. Es un pagano, seguidor de Rugyevit. Evidentemente es un guerrero, y como Valeri Krechenko decía viajar a Moscú para incorporarse al ejército del príncipe.

El siguiente en entrar fue un monje, Cyril, decía ser un monje ambulante. Es un tipo enorme y fuerte y su aspecto médico corresponde a la descripción de como vive. Decidió alojarse en la posada tras enterarse que el anterior cura había muerto de congelación en la iglesia.

Y por último vino un Sibiryak incomprensible como lo son todos, y con... lamento no dar mayor descripción pero no me fijé mucho en él. Recuerdo su nombre Satyga. Parecía sano, algo que demostró al día siguiente. Estuvo negociando con el posadero el precio para pasar la noche en la sala común y al final le entregó una serie de pieles no muy convencido.

Creo que fue el joven guerrero Maksim quien propuso que entre todos formáramos una "caravana" y marcháramos al día siguiente. El honrado Ghisa, el posadero, nos comentó que no creía que antes de dos semanas se reuniera otra caravana. Así que todos optamos por marchar al día siguiente pese a que Ghisa también añadió que habían llegado rumores de que un grupo de cosacos merodeaba por la zona.

El católico intentó jugar con los presentes a las cartas o a los dados pero nadie parecía muy dispuesto hasta que el monje, Cyril propuso una competición de beber vodka. Maksim aceptó inmediatamente, parece que le tiene cierta inquina a los cristianos, en especial a los católicos. Sin embargo el católico, Giovanni, no aceptó ya que no pretendían jugarse dinero sino simplemente los gastos del juego. Tragaron y tragaron hasta que el monje decidió retirarse, para consternación de los aldeanos que se habían ido presentado para recibir misa, el monje en su concentración ni se había dado cuenta.

Después Cyril se marchó con los aldeanos a la iglesia y yo me retiré a mi habitación con los ojos cansados por la lectura. Dejando a los cocheros bebiendo vodka como si fuera agua.

Al día siguiente todos nos levantamos pronto para iniciar la marcha. Algunos no habían dormido bien, decían que habían oído aullidos de lobos, y el Sibiryak se reía de ello con motivo, llegué a pensar que era un estúpido. Lobos había, al menos uno.

Los cocheros nos hicieron retrasarnos, no se levantaron en una hora. Hartos de esperar les despertamos y cuando todo parecía que se iba a poner en marcha los excesos del día anterior le afectó a uno de ellos. Valeri Krechenko le dio una infusión y pareció mejorar. Yo le habría dejado sufriendo para que se lo pensara mejor la próxima vez.

De los presentes varios no teníamos monturas, Giovanni, Maksim, Satyga y el que escribe. Empezaba a llover. Irina se apresuró a que Laima pusiera ningún impedimento e invitó a Maksim al carruaje. Laima dejó bien claro que el resto iríamos en el techo, bajo la helada lluvia. Satyga engañándome de nuevo, confirmándome que era un tonto, dijo que su montura se reuniría con él más adelante. Y lo más estúpido que iría corriendo a la par del carro. Todos pensamos que se quedaría rezagado, pero no, el tipo corrió sin muestras de cansancio a la par que el carruaje, incluso tuvo que esperarnos en algún momento porque tampoco es que fuéramos muy deprisa.

No iba a incluir esto, pero mi afán por ser preciso me obliga. Además creo que es lo que se espera de este texto, que no escatime palabras para ser preciso, espero maestro que lo disfrute. Púes bien, hubo un momento en el que Lucero se mostró entre las nubes, un frío descanso de la helada lluvia, en ese instante me pareció que la sombra del Satyga tenía la forma de un lobo. Inmediatamente después una nube eliminó todo rastro de la sombra.

En la primera parada para reponer fuerzas vimos que Satyga no era un bobo, es cierto que tenía una montura. Un enorme lobo, del tamaño de un pony. Esa bestia trajo miedo al grupo, en especial a Valeri Krechenko, todos estábamos asustados pese a que parecía que el lobo no era peligroso. Se decidió mandar a Satyga y a su montura por delante, para no tenerle cerca. Algunos comentaron que igual era un compinche de los cosacos, pero yo dudo que un lobo como ese sea admitido entre hombres que viven con sus caballos.

Después reanudamos la marcha, bajo la pertinaz lluvia. Fue cuando sufrimos el accidente, del cual no recuerdo nada porque tuve un leve golpe en la cabeza que me dejó inconsciente. Y ese momento lo aprovechó Valeri Krechenko para engañar a los infortunados en el accidente, les hizo creer que sus heridas eran más grave de lo que eran y les "curó". Ya le dije a Giovanni que era un estafador pero no me creyó, incluso insistió que yo estaba al borde de la muerte. La ignorancia hace mucho daño.

El accidente se produjo porque una rueda del carruaje se salió de un bache. Maksim y Cyril demostraron ser verdaderamente fuertes y los cocheros arreglaron el desperfecto. Proseguimos la marcha.

El Sibiryak dijo que la caravana precedente debía sacarnos como mucho un día de distancia, por las huellas encontradas.

Finalmente nos encontramos con los cosacos.

Mi susto fue tremendo cuando vi al que parece ser que era un vigía cosaco entre los árboles y los helechos, alzó el arco y pensé que era mi último latido, pero disparó a un caballo del carruaje. El cacharro viejo que era el carruaje no aguantó el tirón de los caballos y estos se soltaron del carruaje arrastrando a uno de los cocheros agarrado a sus bridas, Valeri Krechenko salió disparado detrás de los caballos mientras intentaba alcanzarlos. Yo me limité a agarrarme al techo.

Parece que Satyga y Maksim salieron tras el cosaco. Cosaco, rus' y Sibiryak ascendían monte arriba mientras el cosaco daba voces que me hicieron temer lo peor, que la hueste cosaca estaba cerca. Dio voces hasta que el arco de Satyga lo calló derribándolo cuando alcanzó lo alto de la colina.

Al otro lado de la colina seguía el camino y allí se dirigían los caballos desbocados y el charlatán. En cuanto alcanzaron lo alto de la loma Satyga y Maksim vieron los restos de la caravana anterior y un grupo de rezagados cosacos montaron y miraban en la dirección de la colina y el camino, aún sostenían pellejos de alcohol y prendas robadas de los pobres hombres.

Maksim me contó como él y Satyga intentaron acercarse sin ser vistos pero Satyga resbaló y calló un metro, los cosacos en sus caballos se fijaron en él. Eran seis. Entonces aparecieron los caballos del carruaje y Valeri Krechenko en ese momento paraba a las bestias. Todo el mundo se quedó quieto, nadie se atrevía a hacer ningún movimiento. Los jinetes cosacos pasaban la atención de Valeri Krechenko a Satyga.

El gran lobo de Satyga nos despertó a todos con un terrorífico aullido que espantó tanto a bestias como a jinetes, espantando también a los cosacos. Yo intenté esconderme, apretándome contra el techo, mientras Giovanni farfullaba algo en su idioma y las mujeres lloraban de pavor. Algo que me intriga es que Maksim no está seguro pero reconoció que el sonido no le pareció que procediera del lobo, sino de Satyga, y me hizo estremecerme al recordar la sombra de lobo que me pareció ver cuando corría a la par que el carruaje.

Después de reponernos y recuperar los caballos nos acercamos a la caravana de triste final. Todos esos sueños rotos al truncarse la vida antes de tiempo. Al menos me sirvió para examinar de cerca el cuerpo humano así que aunque no me gustase la causa su muerte sirvió a la ciencia.

Cyril se dedicó a dar su bendición sobre los cadáveres. Y el resto nos dedicamos a la ardua tarea de amontonarlos y perdimos un poco el tiempo para ver quien se animaba a empezar a cavar. Alguno propuso que lo hiciera el cosaco que había derribado Satyga, pero no estaba en condiciones.

Cuando estábamos en esta triste y pesada tarea escuchamos el trote de un montón de caballos y nos temimos lo peor, que fueran los cosacos. Los seis que nos encontramos no eran más que unos rezagados como quedaba claro al ver la masacre. Tuvimos suerte ya que se trataba de hombres de armas de Moscú. Parece que habían sido informados sobre una banda de cosacos y no llegaron a tiempo para proteger la caravana.

Nos escoltaron hasta Moscú sin ningún contratiempo.



Parece que al mismo fuego se le acabó la paciencia porque dejó sin quemar las últimas palabras de Eduard.


Hay algo que quiero remarcar, por eso lo sitúo al final pese a que aconteció tras el accidente. Maestro, recordarás el libro que se me prestó para que me preparara mi iniciación, pues en el accidente lo perdí de vista debido a la conmoción, y quien lo tenía, Valeri Krechenko que me lo entregó en su bolsa y me preguntó si se lo podía dejar un rato. Yo le dije que si no sabía leer no le servía de nada. El contestó que sí sabía leer. Así que le dije que estaba en griego. Y atención, el me dijo que estaba en ruso como había visto antes. ¿Habrá descubierto algo? Creo que habría que vigilarlo.

Además, no estoy seguro pero me parece que Valeri Krechenko sustrajo de un cadáver una serie de documentos, la verdad es que es más una sospecha que otra cosa.

Firmado Eduard Rastorovich, iniciado.